*la
espontaneidad es la esencia de una vida plenamente humana. Aunque
parezca contradictorio, la espontaneidad requiere búsqueda, esfuerzo por
vivir, pensar y expresarse con autenticidad. Es más cómodo transferir
la propia responsabilidad del vivir y el pensar a otros, sean éstos la
tradición o la autoridad, sean simplemente las modas o los medios de
comunicación que difunden pautas de vida, pensamiento o expresión
mayoritarias. Pero nada más opuesto a una vida lograda que el transferir
a otros las riendas del vivir, del pensar, del expresarse.
*es
aquella de que no lloramos porque estamos tristes, sino que estamos
tristes porque lloramos. Resulta muy acertada esta observación y puede
ser extendida de una peculiar manera al optimismo a través de la
experiencia de la sonrisa: no sonreímos porque somos optimistas, sino
que más bien somos optimistas porque sonreímos. Para llegar a ser
optimista hace falta aprender a sonreír siempre, aunque a veces el
sonreír cueste realmente mucho. A base de esforzarse por sonreír se
recuperan la alegría y la paz, ya que al prestar atención a quienes nos
rodean ponemos en su justo lugar aquello que ocasionalmente apesadumbra.
El pesimista vive centrado en sí mismo, el optimista volcado hacia los
demás: por eso ve la botella medio llena y desea compartirla.
- La alegría reside… en lo más profundo del alma.
- La alegría la podemos poseer tanto en el fondo de un oscuro calabozo… como en un palacio real… Por lo que yo soy más feliz, ahora, en el Carmelo, aún en medio de las pruebas internas y externas, que en el mundo, en donde nada me faltaba».
Vivió con «una gran alegría» que provenía del contento, del gozo interior y de una gran espiritualidad. Fue ella la que pedía alegría a las que vivían en el convento y que trataban las cosas espirituales, las cosas de Dios... Enseñaba:
- «Llévenlo todo… con alegría y contento; piensen que cada una se halla indigna de haber merecido venir a tal lugar…
- Estéis como estéis… miradle resucitado; que sólo imaginar cómo salió del sepulcro… os alegrará.
-Anden alegres haciendo y sirviendo… en aquello que les mandan.
- Hemos de alegrarnos… de que tengamos tal Señor.
- Procuren estar, ser y andar alegres.
-Procuren que con su trato y su presencia… se alegren todos».
Teresa de Jesús, como Tomás de Aquino, enseñan que la alegría es consecuencia, es fruto… que emana de la práctica de las virtudes. Decía:
- «Era tanto el consuelo interior que traíamos… y la alegría, que muchas veces se me acuerda lo que el Señor tiene encerrado en las virtudes».
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